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Me voy a vivir a Montpellier.

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viernes, 26 de septiembre de 2008

Jesús... es GRANDE!



Wow! Esta mañana estaba viendo el blog de Soledad Felloza y encontré una entrada que me asombró muchísimo. Madre mía, me quedé boquiabierto con las fotos de una procesión a la que supongo que ella asistió en Galicia.
Ciertos ritos cristianos en Europa (sobretodo en España y en Italia del sur) no pueden dejar de mostrarme que, un poco más allá de la capa superficial e icónica, conservan una fuerte sacralidad pagana. Y esto me da escalofríos.
Hacía tiempo que no veía un ritual que tuviese tanta confianza con la muerte en cuanto fenómeno real y cotidiano, aunque a mi tanto me hayan enseñado a esconderlo y a no evocarlo nunca.
Luego, de ver como el cristianismo haya envuelto todas estas creencias con iconos de Jesús (quizás si el pobre estaría de acuerdo), de los santos y de la virgen... pues me ha hecho pensar en un exilarante monólogo de Lewis Black que, hablando de un viaje a Italia dice:

"Estuve en Italia y no me lo podia creer. Es brutal, asombroso, increíble. O sea, Jesús allí... ES GRANDE! Todo el mundo tiene su Cristo, madres, niños, padres, abuelas, todos y cada uno con su Jesús.. ¡Y también en la calle! Es decir, Jesús allí es como la Coca-Cola aquí!"

Always Jesús Cristo...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Me nutro de emociones


Si jamás hay un dios, y ese dios nos habla, su idioma son las Emociones.
Desde mis primeras clases de física y filosofía en el instituto me hago preguntas sobre lo que soy, de donde vengo, qué demonios hago aquí y a donde carajo voy. La gente me ha visto inumerables veces distraído mirando el techo, la pared, la pizarra, la nuca de mi compañero de clase, los coches pasar, el horizonte... Como un embobado perdido en pensamientos herméticos me preguntaba si a todo esto hay que darle un sentido, si es que lo hay, y si es que sí, pues ¿como?
Las primeras princesitas que me acogieron en sus cortes y, después, la facultad de Informática, se encargaron de ocuparme la cabeza con sedantes a base de hedonismo y horas de estudio demasiado técnico para dar espacio a preguntas existenciales.
Pero lo mismo que me llevaba lejos de mis anxiedades fundamentales, me llevó lejos de mi casa. A Granada.
Yo, que aspiraba a ser un buen empleado, un simpático desarrollador de software, quizás un buen padre (oye, no es que tuviese el listón tan bajo, a fin de cuentas) y a lo mejor querido amigo para alguien, me topé, a los tres días de estar aquí, con el Arte que se me manifestó bajo forma de Dani Rovira contando cuentos en la Tuareg.
Y luego fue la espiral, la caída libre de actuación en actuación hacia el descubrimiento de todo lo que tenía debajo de la alfombra sobre la cual creía que estaba volando.
Descubrí mi gana de estar al centro de la atención, mi necesidad de sentirme querido, mi hambre de miradas y después mi ego. Entonces volví a hacerme preguntas: por qué esto? Qué haces allí arriba? A donde quieres llegar? Hay algo allí que no sea sólo tuyo?
Sí. El Arte. Las Emociones, en definitiva Dios. La Princesa de los Colores, con sus ojos de oriental, me enseñó a compartir, a no buscar sino a dar sin pretender.
Me enseñó que el Arte es mucho más que un oficio. Es algo delicado, que se ofende si se ve "usado" sin respeto, algo que exige sacrificio, compromiso. Es una Reina que no quiere saber nada de "hay que comer" o "este tío nos esponsoriza". Quiere tocar donde más duele, alumbrar donde nadie quiere mirar, picar al más susceptible y espabilar al más bobo.

El Arte me ha hecho recordar. Para qué estoy aquí, a donde voy: esas preguntas siguen sin respuesta, pero las Emociones siguen hablandonos. Y Ella sabe lo que quieren decir.

lunes, 7 de abril de 2008

Cosí finisce

Cosí finisce: il giorno in cui ti incammini pacificamente verso un palazzo amministrativo in Tibet per richiedere il rilascio di tre persone incarcerate (per possedere delle foto del Dalai Lama) ed i poliziotti fanno fuoco.
Hanno beccato quello lá in fondo, quell'altro un po' piú vicino e adesso senti un dolore fortissimo al ventre. Ti hanno sparato. Perché?
Troppo tardi per chiederselo.

O magari é quel giorno in cui stavi tornando a casa all'una di notte dopo essere stato al bar "una birretta con gli amici e via che domani si lavora". Quel giorno in cui hai incrociato una volante, cosí, per caso.
E cosí per caso sono scesi in tre, avevano un'aria curiosa, come se non stessero proprio bene. Sembravano molto nervosi.
E poi botte, botte, botte e ancora botte. Finché non le sentivi piú.
Troppo tardi per convincere tua mamma che hai fatto tutto da solo.

O magari quell'altro giorno in cui tornavi dalla partita, tutto incazzato, fermo all'autogrill davi i pugni sullo schienale del sedile davanti ed eri incazzatissimo, incazzatissimo per una stupida partita, ventidue cavalloni che corrono dietro a un pallone, mamma mia com'eri incazzato.
Poi nero. Non ti sei accorto del rumore del vetro che si rompe, noti a malapena un rigagnolo di sangue che scende dal tuo collo e si sparge sulla tua maglietta della Lazio. I tuoi amici urlano, qualcuno grida al poliziotto dall'altra parte della strada che tiene ancora la pistola puntata verso il buco nel finestrino.
I danni saranno incalcolabili. Meno il tuo: 1 vita. Troppo tardi per fermare la catastrofe.

O magari é quella sera in cui ti trovarono senza permesso di soggiorno. Che sfiga, se almeno la tortura in questura a Barcellona fosse durata meno... Quanto ci hanno messo ad ammazzarti? Non volevi piú niente, né i tuoi progetti né il tuo futuro.
Troppo tardi, tutto rotto.

Cosí finisce per i meno fortunati. Per alcuni non finisce ma ci si va vicino, per aver commesso l'errore di manifsestare, di rivendicare i propri diritti, di protestare. Per dover pagare l'errore di aver dato un'arma in mano a certi assassini ed averli vestiti in divisa.

Poche mele marce, dicono.
Troppo tardi per le giustificazioni, vi abbiamo visti. Ci fate schifo.